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Por: Lcda. Ingrid Fleischer, Psicóloga Industrial y “Life Coach”

Todas las mujeres somos, sin duda alguna, capaces de alcanzar y lograr aquello que realmente nos proponemos. Algunos aspectos que podemos lograr van desde la imagen que deseamos y nuestro desarrollo profesional, hasta cómo deseamos llevar la maternidad y la crianza de los hijos. Si nos proponemos alcanzar una meta de forma real y auténtica, lo vamos a conseguir. Sin embargo, debemos recordar que esa es nuestra parte consciente, la que vemos en el día a día y que nos acompaña en el devenir y en la toma de decisiones.

Es muy importante que tomemos en cuenta que también tenemos su contraparte: el “subconsciente”. El subconsciente es ese lugar mágico y desconocido, en donde suceden los eventos que se materializan sin que nosotras tengamos mucho que decir al respecto. Pues es ahí donde se conserva nuestra protección, nuestro cuidado y desarrollo, según nuestro ego.

Sin entrar a fondo en lo místico y maravilloso del subconsciente, pues es demasiado extenso para un escrito breve, hoy quiero exponer el principio básico de nuestro diferenciador de género desde nuestra psique.

Voy a abordar brevemente a Carl Jung, con una interpretación propia del “ánima” y del “ánimus”, y así podamos hacernos algunos cuestionamientos para conocer el origen de muchas de nuestras acciones automáticas. El ánima y el ánimus son los arquetipos que Jung definió para la parte femenina y masculina respectivamente, y cómo, al integrarlos, las mujeres integramos al ánimus y los hombres integran al ánima.

Esta integración, que incluye reconocer sus raíces y atributos básicos, nos permite ir encontrando nuestro propio ser. De esta forma es que somos capaces de verlos y reconocerlos, en oposición a rechazarlos y generar conflictos.

Sin abordar temas de feminismo ni de machismo, me gustaría que como mujeres fuéramos capaces de reconocer que a lo largo de la historia, en la búsqueda de nuestro reconocimiento, hemos abandonado algunas conexiones básicas y naturales. Algunas de las conexiones de la parte femenina que hemos dejado a un lado incluye la conexión con la esencia de nuestro ser, así como también nuestra expresividad y el movimiento con las emociones. Hemos desarrollado creencias más masculinas, las cuales nos han posibilitado estar a la altura de nuestros compañeros en muchas tareas que en la antigüedad eran separadas por género, para así ser capaces de competir en igualdad de condiciones.

Todo ser humano tiene componentes femeninos y masculinos en su ser. Es así como somos creados –de una parte femenina en conjunción con una parte masculina. Sin esta fecundación, no habría creación de vida. Y no es exclusivo del ser humano, así sucede en la mayoría de las especies animales.

El cúmulo de experiencias ancestrales del hombre que tiene la mujer están depositadas en el ánimus, que también es ese ser creador y procreador. De hecho, funciona como la mente inconsciente de la mujer. Este ánimus, como lo mencioné anteriormente, es la puerta de entrada a nuestro sub-consciente femenino. Y es allí en donde podemos encontrar las respuestas a algunas cuestiones que se nos pierden dentro de la cotidianidad del ser mujer en este siglo.

Entonces, ¿cómo puedo saber de dónde vienen mis respuestas y de dónde vienen los recursos que uso para tomar decisiones y moverme en mi mundo hoy por hoy? Si nos damos cuenta de las conductas, las actitudes, las palabras y los pensamientos que voy teniendo a lo largo de un día normal, puedo cuestionarme: ¿De dónde vienen y para qué me sirven?

Los principios del ánimus en la mujer se pueden manifestar o expresar de forma negativa con esas ideas fijas, que son incluso colectivas o generalizadas, hacia el género. Son cuestiones que como mujeres consideramos como verdades absolutas y que jamás nos hemos cuestionado. Así lo aprendimos en algún momento o así lo ha manifestado nuestra familia, nuestra sociedad, el colegio en el que estudiamos, etc., pero jamás las hemos cuestionado, las damos por verdad y punto. No sabemos realmente en dónde se generó esa idea, ese postulado, puesto que jamás nos hemos dado a la tarea de cuestionar a quién pertenece, si a la generalidad o a nosotras mismas.

Esas ideas tenaces, esas opiniones que están afianzadas en presupuestos y son inamovibles, están sostenidas en un ánimus reprimido, que no se le ha dado permiso de existir en nuestro ser, por desconocimiento de su existencia.

Cuando dudes de tus opiniones, cuando desconozcas cuáles son las bases que las sostienen o no sepas decir de dónde surgieron en ti, cuestiónate si quizá sea una oportunidad para investigar su origen. Pregúntate lo siguiente: ¿En dónde, en tu ser, ha surgido esta opinión? ¿Y cómo la sostienes desde la mujer que eres hoy? Y así, posiblemente, podrás darte cuenta de que el ánimus tiene muchas posibilidades de apoyarte al reconocer que sus fortalezas yacen en ti, esperando la oportunidad de echarte una mano y apoyarte… esperando la oportunidad que le des permiso de ser parte de tu campo de acción.



Saludybelleza
Irene Buonafina

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